El cáliz fue un regalo de la esfinge Gorael, quien tenía la esperanza que humanos y vedalken se destruyeran mutuamente para obtenerlo, liberando Esper para sus congéneres.
"¿Phirax de Risco Sangriento envió un gigante guerrero contra nosotros? ¿Qué tengo que hacer, deletreártelo? Maten al gigante, sáquenle el cráneo y llévenlo de vuelta a Risco Sangriento. En serio, ¿qué clase de sirvientes nigrománticos son ustedes?" —Keren-Dur, señor nigromante
Los gigantes más iracundos son normalmente los armeros más diestros. Sus agravios avivan interminables sesiones en la fragua, mientras se gruñen ferozmente a sí mismos.
Los trasgos viajan a los picos de sacrificio en parejas, de manera tal que si hay un superviviente pueda contar los detalles del fallecimiento del otro.
Los elementales de tierra tienen la fortaleza eterna de la piedra y la resistencia de las montañas. En contacto primordial con la tierra que habitan, contemplan las cosas a largo plazo y desprecian la prisa impetuosa de las criaturas mortales de vida efímera.